El terreno homogéneo del llano ha dado para todo. En él se cultivan alimentos, se realizan actividades tanto agropecuarias como deportivas, y su riqueza ha posibilitado el surgimiento de una corriente folclórica que le habla al oído al campesino y resalta el valor de lo que se denomina como criollo. La música llanera con arpa, con capachos, con guitarra o con cualquier instrumento es ejemplo de autenticidad. Orlando El Cholo Valderrama, como abanderado de los grandes maestros de la región, y Ensamble Sinsonte, fieles representantes del nuevo sonido del joropo, el pajarillo y el pasaje, se encontraron para hablar de su pasión, del folclor llanero que los mueve y los hace suspirar. El Espectador hace la segunda entrega de esta serie entre discípulos y maestros, un homenaje a la música y un tributo a sus exponentes.
‘Cholo’ Valderrama (CH.V.): Ustedes han tenido la intención de presentar nuestro folclor de otra manera y para mí Ensamble Sinsonte es una prueba de que puede existir la música llanera urbana. Ustedes han hecho un trabajo muy profesional, con lecturas, investigaciones y partituras, cosa muy distinta a como lo hacemos nosotros, los criollos, y campesinos, que trabajamos con puro oído.
Ensamble Sinsonte (E.S.): Para la gran parte de nuestra generación, El Cholo Valderrama ha sido el más fiel representante del género llanero. Las primeras grabaciones folclóricas cantadas que escuchamos fueron las suyas. La parte de la percusión y la interpretación de las maracas son esenciales para cualquier persona que se quiera acercar al folclor.
CH.V.: La ventaja que yo tengo es que el grupo que me acompaña tiene la misma disposición de ustedes y están en plena etapa investigativa. Ninguno de ellos es netamente llanero y uno no puede presionar a los jóvenes a que sigan un formato. Se dice que soy el cantante criollo, yo tengo que decir que yo escucho mucha música de vanguardia. Me gustan el jazz y el rock.
E.S.: Lo que pasa es que El Cholo es un punto de referencia también desde lo escénico con las nuevas implementaciones que está haciendo y es una propuesta totalmente de vanguardia. A pesar de ser uno de los maestros genuinos del llano, no le ha dado miedo arriesgarse a proponer nuevas cosas.
CH.V.: La música es una construcción permanente y por eso la parada en escena nuestra es más de un grupo de rock que un colectivo llanero, porque vemos que eso impacta en las nuevas generaciones.
E.S.: Es que lo que ha hecho usted, maestro, es dislocar la puesta en escena del cantante con los músicos acompañantes al respaldo, porque su grupo tiene una disposición escénica totalmente distinta. Además ha implementado la guitarra y eso le ha dado otro color al folclor llanero.
CH.V.: Digamos que lo que hice con la guitarra no fue incluirla sino que la rescaté, porque en el joropo que yo escuché de niño había guitarras. Ese instrumento ha sido determinante en la consolidación de la música en Colombia.
E.S.: Es cierto... sin embargo para nosotros la esencia de la música llanera es el folclor campesino, es ese sonido que acompaña al trabajo del llano y se enmarca en el entorno que vive el hombre rural. Nosotros desde la urbe lo que tratamos de hacer es de empaparnos de esa cotidianidad que se vive en el campo.
CH.V.: Y lo hacen de una manera muy profesional, y lo mejor es que los jóvenes, como ustedes, se están dando cuenta de la importancia que tiene el folclor y les gusta trabajar por la cultura. A las nuevas generaciones les ofrecen rock, jazz, metal y en la actualidad ya hay una oferta de música tradicional. A músicos como ustedes no se les puede exigir que toquen como un llanero porque no lo son.
E.S.: Nosotros estamos convencidos de que hay que tratar de no fusionar nada, porque eso lleva consigo a un nuevo género. Es una especie de café con leche, porque es una bebida diferente al café y distinta a la leche también, aunque sabe un poquito a cada uno. A nosotros lo que nos pasó es que la necesidad de hacer música llanera nos pesó mucho y eso se convirtió en nuestra opción de vida. Cuando comenzamos a tocar música llanera empezamos a respirar lo que somos en realidad. Fue algo natural y sin pretensiones, tal como deben ser las músicas tradicionales de Colombia.


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